“Recomendaciones de inserción externa para el Uruguay”
Cr. Ricardo Zerbino[1]
Ante todo agradezco a las autoridades de la CIU por la
invitación a participar en este panel en tan buena compañía.
Ser el último tiene sus ventajas porque uno encuentra mejores
formas de decir ideas que ya las tenía pero las puede ir complementando.
Quiere decir que lo que yo vaya a decir en el acierto no
es total mérito propio, en el error si reivindico la autoría.
Yo creo que ha sido muy bueno incluso el preámbulo o la introducción
que hizo el Vice Ministro Embajador, Guillermo
Valles. Y creo haber encontrado muchos
elementos en común. Yo creo que Uruguay
como país chico, muy bien señalado por Michele Santo,
un punto sobre el cual no hay ninguna duda, es un país que tiene necesidad de
integrarse, tiene mucho a ganar con la apertura al comercio internacional.
El proceso de globalización hace que hoy en día eso no
sea una opción, una alternativa. Si no adoptamos el camino hacia ponernos en
condiciones de ser competitivos a nivel mundial, vamos a estar perdiendo las
oportunidades y el tiempo porque todo el mundo va hacia eso y cuanto más tarde
entremos en la carrera, probablemente vamos a llegar en una posición más
rezagada.
Quiere decir que eso no es una opción. Creo que como
país chico también necesitamos tener agendas pragmáticas pero buenas. Eso de
las grandes agendas como decía Fernando Lorenzo nos diluye. Y no tenemos
capacidad negociadora para estar negociando un abanico muy grande. Tenemos que
ser muy claros en las prioridades, tenemos que tener muy claro qué es lo que el
país necesita.
Y acá yo coincido que el país necesita, entre otras
cosas y en el terreno comercial, negociar accesos no solo a mercados, no solo
accesos de exportación, sino accesos de importación. Y esto es más menos lo
mismo de lo que hace un momento Fernando Lorenzo nos decía, Uruguay necesita
tener accesos a insumos y a tecnologías a costos competitivos mundiales, porque
si no producimos y si no incorporamos en nuestras cadenas productivas insumos y
bienes de capital con las tecnologías adecuadas, difícilmente seremos
competitivos.
También tenemos que negociar por el lado de las
inversiones, aspecto que se ha olvidado. Y yo creo que a veces se olvida con
cierta miopía porque todavía no hemos podido tener corrientes fluidas de
inversión por períodos prolongados que nos muestren los beneficios de como se
derraman después. Hemos tenido a veces inversiones en sectores pequeños y por
períodos cortos. Entonces no terminamos de asumir o de asimilar esa ventaja.
Nosotros estamos viendo ahora, por ejemplo, que en el
lapso de cuatro años es probable que Uruguay pueda tener dos plantas
productoras de celulosa que nos van a dar una capacidad que va a ser tal vez un
tercio de la celulosa del mercado que tiene Brasil. O sea que vamos a pasar de
cero de celulosa de mercado a algo entre un 25% y un tercio de la capacidad de
Brasil: un millón y medio de toneladas anuales. Es una cifra muy grande. A
partir de ahí se nos abre otra gama de posibilidades en la medida que la
celulosa es el primer eslabón de una cadena de valor que sigue con el papel en
diversas manifestaciones.
Es cierto que a veces cuando se analiza por ejemplo el
ALCA tendemos a sacar algunas conclusiones generales que son válidas, a nivel
general. Pero después cuando le
introducimos otros elementos de peculariedades de los
sectores, introducimos el tema de la geografía que es muy importante y que lo
señalaba Fernando Lorenzo, las conclusiones hay que moderarlas. Si nosotros
iniciamos por ejemplo en el sector de la celulosa una cadena productiva,
alguien podría decir: “si la región se abre, la región va a estar resignando a
aranceles externos comunes altos que pueden beneficiar en términos numéricos a
la industria americana (en general EE.UU. tiene aranceles bajos andan en el
entorno del 3%). Pero la cuenta que uno hace puede ser muy engañosa. Estamos cambiando un arancel de repente del
12%, del 14%, por uno del 3%.
Pero lo que hay que ver en definitiva es qué
consecuencias puede tener, no pensando solo en el mercado doméstico, sino en
las industrias que vengan a usar como plataforma al país. Porque un 3% de
ventaja para acceder a EE.UU. frente a un proveedor europeo, por ejemplo, o
asiático en una industria que suele tener muchas veces un margen neto sobre
ventas que puede andar entre un 6% o un 7%, y que eso sobre el patrimonial
puede andar en 9%, 10%, eventualmente ganar 3% sobre ventas puede significar
estar agregando 4 puntos sobre el patrimonial. Cuatro puntos para una empresa
que está ganando 7 u 8 puntos puede ser muy importante desde el punto del vista
estratégico. Podrá incluso seguir expandiéndose en el MERCOSUR y no seguir
invirtiendo en EE.UU. O sea, los temas
siempre son relativos y lo que importa es ver lo que agregamos.
Por otro lado, cuando uno mira al ALCA es notorio que
EEUU no es un país con una gran vocación exportadora. Y esto a diferencia de
los países con mercados pequeños como son los escandinavos y en general los
países europeos que tienen coeficientes o ratios de exportación sobre el
producto que llegan a superar el 100%.
Entonces EE.UU muchas veces se
mueva de otra forma. En vez de exportar desde EE.UU,
invierte en el país con el cual va a tener un comercio ampliado. Entonces eso
determina que el razonamiento sencillo de comparar cuánto gana nuestra
industria y cuánto gana la del otro si yo bajo 12 o 14, si el otro baja 3, no
es válido, nos puede llevar a grandes errores.
Segundo, Uruguay tiene como país pequeño una gran
ventaja inmediata en la región. Y ahí
están las ventajas provenientes de los factores geográficos. Nosotros lo pudimos experimentar en el caso
de nuestra empresa en el mercado brasileño. Cuando Brasil devaluó, en un
momento de cierta recesión interna, se vieron beneficiados los proveedores
vecinos respecto a proveedores que estuvieran en Europa. Cuando un país está en recesión y las tasas
de interés vuelan por los aires o por lo menos suben -normalmente suben en
Brasil vuelan- hay varios fenómenos: se encarece mucho el costo de los stocks, segundo si el país tiene alguna crisis que afecte
los niveles de crédito, entonces el crédito se achica. Por lo cual tener un
proveedor que me pone un producto en mi planta, en mi puerta, en cinco o seis
semanas, no es lo mismo que uno que me lo pone en una o dos semanas. Hay elementos que derivan de aspectos
vinculados al flete. Hay productos, muchos productos, que son sensibles al
flete salvo que sean productos de alto valor que puedan resistir un flete
aéreo. Todas esas cosas, yo creo que hay
que mirarlas porque son las que ayudan a establecer los vínculos comerciales
con vocación de permanencia entre un proveedor y un cliente y que tienen que
ponderar en este mundo en que vivimos ciclos de alza, ciclos de baja,
recesiones, subas de tasas de interés, bajas de tasas de interés, etc.
Por lo tanto, en términos de recomendaciones de cómo
debería el país buscar su inserción yo diría desde el punto de vista general
que comparto mucho lo que expresaba el Embajador Valles. Tenemos que mirar el
acceso a los mercados pero con énfasis en los mercados de importación,
en aquellos que nos permiten acceder a tecnologías que vienen en los bienes de
capital y en insumos a precios competitivos.
Ahí es donde tenemos un problema nosotros con el
MERCOSUR y los niveles arancelarios que hemos tenido que aceptar. Pero ahí
viene el otro tema: cómo negociamos. Y
Uruguay debería enfocar su negociación -en un MERCOSUR que tanto hablamos de
profundizarlo- a los aspectos específicos en los cuales podemos lograr este
tipo de ventajas que van a ser fundamentales. No solo para las actividades
naturales o de competitividad histórica -tomando un poco lo que decía Fernando
Lorenzo aquellos bienes intensivos en recursos naturales o donde podamos
aportar una mano de obra con buen nivel educativo y calificables- sino que va a
ser importante obtener eso para nuevas actividades. Y ahí yo creo que Uruguay ha desperdiciado
una vías de negociación, por ejemplo, al haber resistido la negociación que
planteó Brasil sobre las cadenas productivas y los acuerdos o los
procesos que llevan a la complementación. ¿Porqué?, porque Uruguay yo no veo
que vaya a conseguir nunca levantar algunas barreras que tenemos con los
vecinos, que a veces nos trancan camiones, si al mismo tiempo no tenemos un
socio en el país vecino que está demandando conjuntamente con el exportador
uruguayo porque eso está afectando una cadena productiva en la cual nos hemos
integrado.
Entonces yo creo que para negociar temas de insumo, para
negociar barreras para- arancelarias, para negociar los temas en que a veces se
nos imponen trabas arbitrarias, tenemos que introducirnos en el corazón de la
negociación, tenemos que entrar a negociar cadenas productivas. Y ahí vamos a
estar, y coincido con lo que se dijo hace un momento, ayudando a construir el
mercado común, que es el mercado en el cual no operan factores que temporariamente afectan los flujos de mercadería.
Creo también que la coordinación macroeconómica a
nivel del Mercosur es una prioridad. ¿Porqué?. Porque
cuando sus países desmantelan sus barreras arancelarias y empiezan a avanzar en
el desmantelamiento de las para-arancelarias, sobre todo los países pequeños
quedan muy vulnerables a los cambios bruscos de precios relativos que pueden
provenir de alteraciones producidas por shocks
como la devaluación del real primero y la devaluación del peso argentino
después.
Y para evitar esas sorpresas y esos malos momentos lo
que tenemos que tener es una coordinación macroeconómica que asegure que va a
haber, yo diría, una relativa normalidad en las variables claves y una cierta
coordinación de las políticas cambiarias
que nos eviten este tipo de shocks, que
en cierta forma y desde una óptica de un mercado en formación, podemos
llamarlos shocks domésticos para
diferenciarlos de los que nos vienen de extrazona.
Quiero un último aporte desde el punto de vista global e
implica señalar la importancia de los acuerdos de protección de inversiones
y los acuerdos para evitar la doble tributación. Yo diría que a nivel
del MERCOSUR tenemos que buscar una progresiva asimilación de los sistemas
tributarios, incluso internos. Esa es una tarea que deberíamos empezar cuanto
antes para tratar de eliminar esas asimetrías y por supuesto que Uruguay en
todos los ámbitos de negociación ya sea ALCA, ya sea Unión Europea, debe
insistir en los aspectos de la reciprocidad asimétrica tratando de que aquellos
países de menor desarrollo o de mercados pequeños o mercados insuficientes
tengan un cierto reconocimiento.
También quisiera referirme al enfoque de la inserción
externa no ya desde el punto de vista del país sino del punto de vista del
empresario, de las empresas. Las empresas no tienen la posibilidad de decir voy
a bajar la cortina, voy a esperar a que se fijen las prioridades, que veamos
como funciona el ALCA y después defino la estrategia. Las empresas tienen que
funcionar en el mundo que tenemos con sus buenos momentos, con sus períodos de
crisis e incluso con los shocks localizados
que a veces debemos asimilar de nuestros propios vecinos y aliados. Y acá creo
que entran los aspectos que han sido mencionados tanto por Michele
Santo como por Fernando Lorenzo que refieren al trabajo en los aspectos que la
empresa puede manejar, aquellos que hacen a la mejora de la competitividad.
La empresa debe prepararse sabiendo que tiene actuar en
el futuro en un mundo globalizado, moviéndose en diversos mercados porque el
doméstico es insuficiente, que la diversificación de mercados va a favor de la
diversificación de los riesgos -la dependencia de uno o dos países en
particular de países vecinos a afectado periódicamente ciertas inestabilidades
y es muy riesgoso-. Entonces, así como se toma un seguro, hay que pagar el
precio o el costo de acceder a mercados más lejanos con un retorno menor
mientras se van negociando el acceso a esos mercados en mejores condiciones. La
empresa debe trabajar para mejorar la productividad, los aspectos
tecnológicos y la innovación.
Yo creo que la innovación es un elemento básico y tiene
que ver con la búsqueda de diferenciación, tarea nacional pero que tiene su
núcleo en la empresa.
[1]
Ex Ministro de Economía y Finanzas durante la primera administración del
Presidente Dr. Julio María Sanguinetti
Fue Presidente del Comité de Negociaciones
Comerciales a nivel Ministerial de la Ronda Uruguay (GATT) entre 1988 y 1990.
En ámbito privado se ha
desempeñado como Asesor
Económico y Financiero de empresas, es Presidente del Directorio de Fábrica
Nacional de Papel S.A. y Presidente de Celulosa Argentina S.A.