“Recomendaciones de inserción externa para el Uruguay”

 

Dr. Michele Santo[1]

 

Muchas gracias a las autoridades de la CIU por esta invitación para participar en los festejos del 105 aniversario de la institución en un momento, todos sabemos, particularmente complicado pero donde al mismo tiempo daría la impresión, todos los indicadores así lo pautan, de que lo peor habría pasado y que Uruguay de alguna manera está iniciando la senda de una tenue recuperación.

 

En ese contexto este tipo de actividades, en las cuales de alguna manera uno puede ó pretende abstraerse un poco de la acuciante coyuntura que a todos en distintos grados nos toca vivir y poder pensar un poquito más con un horizonte de mediano y largo plazo para ver por donde pasarían los caminos que le den al país un crecimiento sostenido, son positivas. Ese crecimiento sostenido que le ha sido tan esquivo en los últimos 50 años porque esta historia no empieza ahora sino que es una historia de más de medio siglo. Creo que es una ocasión bastante propicia para ensayar de alguna manera este tipo de ejercicio. Creo además, que el espíritu de este tipo de ejercicio debería ser justamente el que el presidente, el Ing. Diego Balestra, señalaba hoy en su introducción. Esto no se trata de los buenos y los malos, los que tienen la verdad revelada versus los que no la tienen. Yo personalmente creo que ya está todo inventado o sea, hace mucho tiempo que las grandes líneas de pensamiento tanto a nivel de la teoría política como de la política económica están consensuadas. Esto es lo que uno ve en los países que avanzan, en los países que no sufren el tipo de crisis que tenemos nosotros, fundamentalmente son países en los cuales no se discuten los fundamentos de funcionamiento básicos de una economía que lamentablemente todavía seguimos discutiendo acá. Entonces, todo está más o menos inventado obviamente que hay particularidades locales, regionales, hasta idiosincráticas y culturales que le dan un determinado matiz en un sentido o en otro a cosas que básicamente a nivel de la profesión económica; a nivel de la teoría y a nivel de la práctica, básicamente, ya están conceptuadas.

 

Entonces, yendo concretamente al tema que nos convoca, al panel de recomendaciones de inserción externa, lo primero que me gustaría señalar y enfatizar es algo en lo cual seguramente todos los que estamos acá  vamos a estar 100% de acuerdo, y es que Uruguay es un país pequeño. Quizás a partir de acá empiecen después las diferencias, pero que Uruguay es un país pequeño no cabe ninguna duda. Y en un país pequeño el proteccionismo no tiene lugar no hay ningún elemento de teoría económica o de teoría comercial que genere ningún tipo de ventaja en cuanto a mejoras en el nivel de bienestar, mejoras en la capacidad productiva, aumentos permanentes en el nivel de actividad, de empleo, etc.  Un país pequeño, un país que es tomador de precio; un país que no puede modificar su política de intercambio; un país que por su dimensión económica básicamente todo lo que recibe del resto del mundo lo recibe como un dato y no lo puede modificar, no gana absolutamente nada encerrándose en si mismo.

 

Eso para mí es una de las grandes incógnitas que he tratado de racionalizar, y que con el paso del tiempo y leyendo un poco más de historia quizás le pueda encontrar alguna justificación a lo que ha sido la historia de política comercial de Uruguay. La que desde 1930 para acá ha sido, con matices, una historia de tratar de encerrarse en si mismo primero, después tratar de encerrarse atrás del paraguas de la región, a través de la ALAC, la ALADI, los acuerdos regionales el CAUCE y el PEC; después el CAUCE y el PEC ampliado y finalmente el MERCOSUR.  Ahora estamos viendo si nos vamos al ALCA.  Por suerte, después de 50 ó 70 años nos hemos empezado a dar cuenta de que encerrarnos en un mercado de 3 millones de habitantes no tenía mucho sentido. Nos ha costado 50 años de desarrollo, y una pérdida de posiciones relativas en el concierto de naciones en el mundo, que no tiene parangón. Yo no conozco ningún caso salvo el de Argentina, nuestros bien amados hermanos, de una involución económica tan grande durante 50 años de países que no han sufrido ninguna catástrofe natural, ninguna guerra sino que resulta de una autoflagelación impuesta de manera totalmente voluntaria.

 

Entonces, yo creo que necesariamente cualquier recomendación de inserción internacional debe pasar por el hecho de que, como país pequeño tenemos que abrirnos al mundo. Si nos abrimos al mundo a través de negociaciones bilaterales, si nos abrimos al mundo a través de negociación multilaterales, o si nos abrimos al mundo aplicando unilateralismo al estilo de lo que hizo Chile será cuestión en definitiva de definirlo. La teoría indica que no es necesario que el resto del mundo se abra para yo ganar si me abro al mundo, por lo tanto y el ejemplo de Chile creo que es bien sintomático al respecto y bien reciente. Chile decide abrirse al mundo primero unilateralmente y después fue buscando y consiguiendo acuerdos bilaterales para ganar acceso a determinados mercados. Pero, la ganancia de eficiencia que generó en la economía chilena el poder disponer de insumos a precios internacionales y las ganancias en materia de reasignación de recursos generada por la reducción de aranceles -junto a otras cosas de las cuales después vamos a hablar después y que creo que son tan o más importantes que la política comercial- fue muy significativa.

 

Creo que sobre esa base la inserción en el mundo es un destino manifiesto. Debe ser un destino manifiesto de un país de 3 millones de habitantes como Uruguay. Sería trágico que Uruguay quedara prisionero del AEC del MERCOSUR. Creo que la historia reciente y no tan reciente debería ser lo suficientemente clara como para que el país busque ampliar su portafolio de socios comerciales. No renegando del MERCOSUR, no vamos a poder cambiar la geografía, no le vamos a poder poner rueditas a Uruguay y ponerlo en el medio de Europa o en el medio de EE.UU., pero es absurdo a esa situación ya determinada por la geografía hacerla todavía mucho más fuerte con una política comercial que nos encierre y nos haga todavía muchísimo más dependiente de la región, sobre todo cuando todos sabemos lo inestable que es la región.

 

Creo que es un destino manifiesto de Uruguay, creo que ya hemos sufrido bastante la dependencia de la región y creo que es hora de que todos nos demos cuenta de que Argentina y Brasil siempre van a estar ahí, ojalá que a partir de ahora estén de una manera mucho más estable pero la diversificación de riesgos desde el punto de vista de tener distintos mercados o tener diferentes mercados creo que se impone.

 

Como señalaba antes, 70 años o 50 años de historia nos han permitido ir avanzando.  Ya creo que nadie puede pensar en un Uruguay encerrado en si mismo, en un Uruguay o en empresas buscando eficiencias y ganancias dinámicas de producción volcada a un mercado de 3 millones de habitantes.

 

Pero, así como es cierto de que la política comercial puede ser muy beneficiosa para lograr ganancias dinámicas de competitividad; y para generar un aumento importante y permanente del nivel de bienestar, con la política comercial sólo no alcanza. Es más, si no se hacen otras cosas por más que intentemos liberalizar la política comercial, puede ser que lleguemos a resultados no tan satisfactorios. Una situación de este tipo se vivió en la segunda mitad de la década del setenta y a fines del setenta cuando hubo una liberalización, un intento de rebaja de aranceles bastante significativo que coincidió con la aplicación de una política macroeconómica totalmente inconsistente que, de alguna manera, borró con el codo lo que se intentaba escribir con la mano en cuanto a haber generado un atraso cambiario muy significativo que coincidió con una apertura y una liberalización comercial que generó el efecto contrapuesto.

 

Entonces, de alguna manera la política comercial debe ser vista como -y esta es una expresión que ha sido usada muchas veces- una de las patas de una mesa una de las tres, cuatro o cinco patas de una mesa y si no están todas juntas difícilmente esa mesa vaya a tener estabilidad. A su vez, difícilmente una liberalización comercial, la búsqueda de nuevos mercados fuera de la región o incluso sacarle el mayor provecho posible a los mercados regionales no se va a poder llevar a cabo sino se atacan a su vez otros aspectos (lo cual creo que fue lo que está en la base del éxito chileno).

 

Muchas  a veces se habla de Chile y del modelo chileno y se habla solo de la política comercial, pero lo que no se dice es que eso coincidió con un manejo macroeconómico extraordinariamente bueno, con un manejo de la situación fiscal extraordinariamente buena que fue generando una situación de superávit estructural. No se dice que el manejo adecuado de las distintas políticas permitió una sinergia muy importante a nivel doméstico para que con reglas de juego claras, estables y políticas macroeconómicas también estables los empresarios tanto locales como del exterior recibieran las señales adecuadas del mercado internacional y canalizaran las inversiones hacia los sectores productivos que después hicieron de la historia de Chile el éxito que ahora todos de alguna manera envidiamos sanamente.

 

Esas cosas están por hacerse en Uruguay.  Desde que yo tengo uso de razón escucho hablar de la reforma del Estado, del problema de la seguridad social, del problema de las empresas públicas, de que tenemos servicios caros y cosas por el estilo. Este jueves pasado leía en una crónica que salió en el semanario Búsqueda sobre el caso chileno y hubo un dato que me sorprendió muchísimo. Chile tiene la misma cantidad de empleados públicos que Uruguay y tiene cinco veces más población que Uruguay.  Si no atacamos todo juntos o sea si no atacamos la inserción  externa con una apertura que, creo reitero una vez más desde mi punto de vista, no puede circunscribirse solamente al MERCOSUR y que debe buscar por todos los medios posibles, nuevos mercados en donde los haya. Y no se si es con negociaciones bilaterales, multilaterales o si es simplemente buscando eficiencias internas que simplemente por la competitividad de la producción local nos den acceso a los mercados.

 

Si no se ataca el problema de la eficacia y eficiencia del gasto público; si no se ataca el problema de los insumos básicos que en estos momentos están en manos del Estado y acá el problema yo considero que no es un tema de propiedad, sino que lo que importa es que tengamos electricidad, combustibles, comunicaciones competitivas y a precios internacionales, quién sea el dueño de las empresas es creo lo menos relevantes si logramos conseguir que las empresas provean al sector privado esos insumos básicos en cualquier proceso productivo a precios competitivos. Si no logramos establecer la mayor competencia posible en todos los mercados sea de factores, sea de bienes sea de servicios productivos. Y si no logramos ponernos de acuerdo en un marco estable de políticas macroeconómicas que no tengamos que prever que cada tanto, cada seis años vamos a tener crisis monumentales como las que hemos tenido en el año 1982, como las que hemos tenido el año pasado, va a ser muy difícil que podamos conseguir el salto cualitativo importante, significativo, que nos saque de esta situación de más o menos en la cual hemos estado en los últimos 20 años. Y que además empiece a sentar las bases de un crecimiento auto sostenido del país que sea sustentable y que permita un despegue realmente importante de los niveles de vida de toda la población, que aliente inversión a mediano y largo plazo, que esa inversión vaya a sectores en los cuales el país tenga ventajas comparativas y puedan a su vez desarrollarse en el mercado mundial, tratando de alguna forma de zafar definitivamente de esta situación en la cual hemos estado sin prácticamente solución de continuidad desde mediados del 50 para acá.

Entonces bienvenida la estrategia de tratar de insertar el país en el mundo de donde nunca debió salir. Uruguay nunca debió salir del circuito de la economía mundial, uno de los errores trágicos que ha tenido la política económica de Uruguay en su historia ha sido el encerrase en si mismo.  Un mercado de tres millones de habitantes, mucho menos cuando se tomaron esas decisiones de encerrarse en si mismo, no podía generar desde ningún punto de vista fuerzas dinámicas de desarrollo auto sostentable.

 

Entonces, bienvenida ésta búsqueda de nuevos mercados, bienvenida este tratar de salir, creo que de la extrema dependencia de la región, pero ojo que si no atacamos los otros problemas de nada va a servir que consigamos mercados, sino logramos condiciones de costos internos y competitividad adecuadas que nos permitan acceder a esos otros mercados que se ganen, de poco va a servir que firmemos tratado de libre comercio con México, con China o con Estados Unidos, o que entremos al ALCA. Porque sino lo hacemos, no vamos a poder estar en condiciones de competir en esos mercados y de acceder efectivamente a esos mercados con producción, con exportaciones que es en definitiva lo que importa.



[1] Economista egresado de la Universidad de la República en febrero de 1983. Obtuvo un Master of Arts en Economía en la Universidad de Chicago (USA) en diciembre de 1984, y un Doctorado en Economía (PH. D in Economics) de la misma universidad en agosto de 1986, especializándose en Economía Monetaria y Economía Internacional.

 

Ha sido profesor de la Universidad ORT hasta 1995. Ha dictado varias conferencias en temas de su especialidad en Uruguay, Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Colombia y EE.UU.

 

Hasta noviembre de 1990 trabajó en el BCU. Desde enero de 1991 hasta diciembre de 1998 fue Socio y Director del Estudio Caumont-Cola-Santo,  asesorando a más de 140 empresas en diversos temas económicos y financieros.

 

Desde enero de 1999 al presente, es Socio y Director de AIVA Holding, representante exclusivo de Royal Skandia para América Latina. Actualmente es además columnista del Semanario Búsqueda.