Comentarios a la “Propuesta de la CIU para una estrategia de desarrollo industrial”

 

Ec. Gustavo Michelín[1]

 

 

Muchas gracias a la CIU por la invitación a participar en este panel para poder aportar los comentarios sobre el documento que han elaborado.  Esta oportunidad me permite, a pesar del poco tiempo para desarrollar los comentarios, exigirme más allá de los temas bancarios que habitualmente me entretienen en estos días.

 

El trabajo de la CIU sigue con una tradición de acción gremial distinguiendo las instancias de formulaciones de política que involucran el corto plazo con las que son claves para el desarrollo de largo plazo.

 

Al encarar el análisis del documento me vinieron a la mente los trabajos precursores que se hicieron en esta institución sobre la década de los setentas sobre el sistema impositivo, luego en la década del 90 sobre la reforma del sistema de seguridad social, las contribuciones al proceso de integración regional acompañando las políticas de Estado y los trabajos sobre la matriz energética (también precursores de decisiones de políticas). Todas estos trabajos contenían un enfoque de largo plazo. 

 

Entonces uno se pregunta cuando ve la propuesta que hoy hace la CIU –poner en debate la formulación de una estrategia de desarrollo industrial-, de dónde surge esta necesidad. Y entiendo que esta necesidad surge de algo que esta muy dentro de la sociedad civil, de la comunidad empresarial.  La necesidad de políticas de Estado, de definición, de lineamientos, que permitan ver más allá de los próximos tres meses, del  próximo año; poder tener certeza a la hora de tomar decisiones que involucran períodos largos de tiempo.

 

La política industrial actual tiene su origen en decisiones de apertura de Argentina y Brasil a las cuales Uruguay decidió integrarse a través del MERCOSUR. Pero obviamente la crisis de la región ha obligado a algunos replanteos y se nota que faltan definiciones. 

 

Están faltando definiciones de política y creo que los numerosos listados, inventarios, invitaciones al debate que se introducen en este documento tienen que ver con ese faltante. Creo que el tema está planteado también en el momento justo.  Estamos  en un período previo a un plebiscito que nos está enfocando en una discusión muy puntual y tenemos por delante el año 2004 con toda la expectativa que la discusión electoral provoca.  Aunque suene paradójico no se ha logrado acordar en los temas de largo plazo y pero se ha podido acordar en temas de corto plazo.  Y creo que aquí está uno de los principales puntos que propone la CIU.  No enfrascarnos en las diferencias, busquemos dónde están los puntos de consenso que definan las políticas, que definan las posibilidades de avance cualquiera sea la administración, cualquiera sea la empresa líder en el segmento del mercado, cualquiera sea el cuerpo gerencial de la empresa.  Se necesitan determinadas certezas para encarar un proyecto de estrategia empresarial.

 

Creo que el tema, además, en lo personal, tiene alguna vigencia por las decisiones pequeñas de política -insignificante para lo que se está planteando en este documento- por el levantamiento del veto a una reforma como la de mejorar el pago a pasividades a través de cajeros automáticos.

 

En algún momento, en la primera mitad de la década del ‘90 cuando había muchos referéndum y plebiscitos y había una sensación también de que todo estaba muy trancado, un amigo tuvo la originalidad de pensar la siguiente humorada: “somos capaces de promover un plebiscito para que Uruguay ingrese en el siglo XXI”.  Eso reflejaba el estado de ánimo.  Yo creo que no fue necesario el plebiscito pero el sistema político está dando señales de estar suficientemente trancado como para imposibilitar que Uruguay entre en el siglo XXI.

 

Y esa sensación uno la ve cuando conversa con los empresarios, uno la ve en el sentido de que cuál es el horizonte de los próximos cinco-diez años: un país trancado o un país en movimiento.  He leído el documento con esta óptica y me gustaría hacer tres comentarios sobre la primer parte, la parte de las condicionantes de la actividad empresarial.

 

De los elementos que se señalan en el documento sobre las condicionantes de la actividad empresarial, lo primero que destaco es el tema de la estabilidad macroeconómica -quizás por deformación profesional- pero hace una parte importante del entorno de la actividad empresarial.  Y hay un activo muy valioso en esto que es la estabilidad de precios. La estabilidad de precios que hemos podido aquilatar en los últimos 5 años nos ha permitido valorar la verdadera magnitud que tiene en nuestras vidas. La salida de la crisis del año pasado demostró que era posible preservarla y no caer en la tentación de tirar por la borda la estabilidad de precios. No ha habido una discusión a nivel público sobre si es o no conveniente salir de una crisis con procesos inflacionarios altos o hiperinflacionarios y ha sido un valor generalmente aceptado.

 

Yo creo que aquí soy optimista en que hay un tema potencial de política de Estado: la estabilidad de precios.  Obviamente que la estabilidad macroeconómica tiene otras magnitudes, el saldo de la cuenta corriente es una expresión de ello.  Creo que el sector privado ha tenido velocidad de ajuste, flexibilidad, incluso lo ha demostrado desde el año ‘99 hasta la fecha.  Quizás donde ha habido menos capacidad de ajuste ha sido en el componente sector público en lo que hace al saldo de cuenta corriente.  Y en ese sentido el documento propone avanzar sobre el tema finanzas públicas  y presupuesto lo cual también está muy vinculado a las posibilidades de mantener la  estabilidad de precios.

 

Dentro de las variables macroeconómicas, una pequeña acotación sobre el tema del salario real o el salario en dólares y la contracara del mismo que es el tipo de cambio real. Creo que los equilibrios macroeconómicos se tienen que ir generando. La virtud de las políticas es actuar frente a un desequilibrio de manera de poder ir administrando el pasaje al nuevo estado de equilibrio. Claramente hoy los sueldos en dólares o el tipo de cambio real no son de equilibrio.  No podemos pensar que un cuerpo gerencial en el Uruguay gane 30%/40% menos que lo que gana en Brasil y que eso sea sostenible en el largo plazo.  El tema es como se administra esa transición hacia los nuevos puntos de equilibro. Y en eso se señala la importancia del papel del Banco Central y la disponibilidad de instrumentos de política monetaria y un valor que creo que es muy importante que es la independencia técnica del Banco Central.  Esto implica que definidos los objetivos de inflación, para cumplirlos se necesitará un organismo que dirija la política monetaria con independencia técnica. Creo que es muy importante y creo que en ese punto sería posible construir una política de Estado, una política de consenso que nos diera la garantías necesarias para el normal desarrollo de la economía.

 

Yo agregaría al documento -que no está mencionado- la independencia de otros organismos muy importantes para el futuro del país, que son las AFAPs.  Creo que tan importante como la independencia del Banco Central es que podamos preservar la independencia de administrar los fondos que estamos ahorrando los uruguayos para nuestras pasividades, de las decisiones de políticas públicas. Sobre las AFAP no ha habido pronunciamientos, es un marco legal, pero un marco regulatorio yo creo que es un punto importante en el debate.

 

Esto está un poco vinculado también a la resolución del tema de deuda pública y por tanto también agregaría a los elementos deseables en una política de Estado el respeto por la deuda pública, por honrar la deuda pública. Sobre este último ha habido señales distintas, contradictorias, pero yo creo que en el debate debe incorporarse este tema.

 

Dentro del conjunto de reformas que hacen a la competitividad, aunque todas las que aporta el documento son importantes, me gustaría destacar la promoción de exportaciones; la promoción de la actividad empresarial; la competencia leal y la cultura empresarial.  Pero me gustaría detenerme en una que hace a las políticas públicas que es la reforma impositiva allí mencionada.

 

Yo creo que Uruguay está exactamente en el momento previo a una reforma impositiva importante.  Existe una máxima entre los responsables del organismo recaudador en Estados Unidos que dice que el momento de modificar la regulación del impuesto a la renta de las personas físicas es cuando el manual de liquidación del impuesto no pasa por debajo de la puerta del contribuyente.  Y esto sucede porque los sistemas se van haciendo cada vez más complejos cuando se agregan cláusulas y regulaciones para “apagan incendios”.

 

En Uruguay tendríamos que hacer algo del estilo con el Texto Ordenado y con la cantidad de formularios de la DGI. Hay un momento que la cantidad de formularios que administra la DGI es tan grande y lo poco que recauda con algunos impuestos que se justifica la implementación de una reforma impositiva.

 

Es un terreno donde se puede determinar una política de Estado. Pero hubieron señales distintas cuando se trató de discutir este tema; no hubieron consensos.  Sin embargo recientemente se aprobó la reforma administrativa de la DGI por mayoría en el Parlamento.  Por lo tanto, creo que es un terreno que vale la pena hacer el esfuerzo.  Creo que hay mucho para ganar en simplificación, reducción de distorsiones y normalización de exoneraciones, muchas de las cuales atañen en forma puntual a sectores específicos y que perdieron el impacto que se estimó inicialmente.

 

Otro punto dentro de las condicionantes y que está vinculado a las políticas públicas es la posibilidad de construir una política de Estado para la inserción internacional del país. El diálogo entre los actores políticos del país en los últimos años ha girado en torno a la confrontación: USA si, Brasil no o viceversa. Y creo que en el documento, en la propuesta de introducción al debate que hace la CIU, con sabiduría se plantea no polarizar la discusión sino buscar dónde están los elementos comunes.  Si hace diez años pudimos diseñar una política de inserción común, ¿no podemos adecuar esa política a la realidad que le tocar vivir Uruguay en los próximos años?, ¿es necesario seguir la lógica de la visión de que Uruguay tiene que ir detrás de un líder en la integración global?, ¿o es posible la estrategia de diversificar mercados, propia de la cultura empresarial de no poner todos los huevos en la misma canasta?. Yo estimo que ninguno de ustedes estaría tranquilo si tiene un solo cliente al que le vende y ninguna política de Estado para la inserción internacional debería desconocer es premisa. Tener un solo mercado nos condiciona muy fuertemente el futuro y el desarrollo del país.

 

A partir del entorno de negocios que se plantea en el documento -estabilidad macroeconómica, la reforma impositiva, la inserción internacional- se menciona la necesidad de emprender acciones concretas para favorecer el desarrollo de la industria. Antes de iniciar los comentarios desearía destacar la calidad metodológica del documento. Todo plan estratégico debe partir de la autocrítica, lo que está en el deber de uno mismo, y esto es lo que se hace en este documento.  En vez de echarle la culpa al entorno y ver si el entorno mejora, propone ser activos e ir directamente al grano del problema.

 

Dentro de las acciones se habla de cuál debe de ser el papel del Estado en la economía.  Y ahí estamos igual que en el caso de inserción internacional, frente a un dilema para generar una política de Estado. Estamos enfocando mal la discusión: Estado no, mercado sí; Estado sí, mercado no.  Y lo que plantea la CIU es ir por los consensos sobre dónde debe estar el Estado.  Y claramente hay elementos que a uno le hacen dudar si aquí es posible avanzar en un clima electoral  –sobre todo después de haber levantado el veto de esta ley de ayer-. Uno no se da cuenta si el tema de los debates es por extremos y siempre va a hacer así, o si es posible construir debates sobre las bases de qué es lo que se debe preservar. 

 

Claramente, esta discusión, diez años atrás hubiera prohibido el código de barras en la IMM, en UTE, ANTEL para cobrar.  Entonces, en el momento se discute y se logran resultados pero no construyen a la política de Estado. Cuando uno está trabajando en proyectos de tarjetas de débito, de banca por internet le quedan dudas si después no va a tener problemas para implementarlo.

 

El documento pone énfasis, además, en la promoción y creo que ahí me gustaría destacar un punto que es el tema de la promoción de la empresarialidad o la característica del empresario o del emprendedor.  Creo que es un faltante en nuestro sistema educativo. Creo que es un faltante en nuestro sistema de valores sociales y creo que eso también condiciona nuestra capacidad de crecimiento.  Y creo que eso debería ocupar parte de la agenda de políticas de Estado en los próximos años.

 

Desearía dedicar algunos minutos finales al tema de mercado de crédito que se señala en el documento.  Creo que hay nuevos mecanismos, hay mucha expectativa con la ley de fidecomiso, creo que es un instrumento legal que permite numerosos desarrollos, que la demanda de fondos va a encontrar una oferta porque la oferta está.  Está en las AFAPs. Ahí hay ahorro y en cuanto haya instrumentos que no violenten su objetivo, se puede canalizar hacia los sectores productivos que tienen programas de inversión. Y en el caso de Uruguay, a diferencia del caso argentino, se ha permitido a las AFAPs salir de la crisis totalmente fortalecidas, intactas en su objetivo final.

 

Creo que también no hay que dejar de prestar atención a los programas de financiamiento y lograr una vuelta a la intermediación financiera. El sistema bancario esta herido, está saliendo de una crisis, recuperando fuerzas, pero todavía convaleciente en un período de duda para muchos agentes.  En este sentido, algo en lo que no he encontrado puntos de debate, más bien es un lugar donde hemos encontrado  puntos de consenso cada vez que se ha discutido, es sobre cuál es el rol que tiene que cumplir el BROU en la sociedad, cuál es su papel.  Aparentemente uno encuentra bases muy sólidas como para una política de Estado en torno a la presencia de un banco público como el BROU y en ese sentido hemos propuesto en los últimos meses un programa de fortalecimiento del BROU.  No por un tema de corto plazo sino pensando en el lugar que tiene que ocupar en el sistema bancario en la próxima década.

 

Creo que algo parecido debe de suceder con el Nuevo Banco Comercial y con todos los elementos que hacen a la recuperación de la calma luego de la crisis bancaria. 

 

Para ceñirme al tiempo me gustaría dejar como conclusión mi experiencia al haber trabajado en el entorno de las políticas públicas.  Existe un chance, una opción de mirar las políticas publicas pensando al país como una empresa.  Y no como un país de conflicto distributivo.

Cualitativamente las dos visiones son muy distintas y provocan tomas de decisiones también muy distintas.  En último caso, en un país conflictivo se termina en la lógica de suma cero y en quién tiene, quién gana y quién pierde. En ese sentido, la experiencia en el  país ha sido de grandes períodos de caída de producto, leve pero caída de producto.

 

Si uno piensa al país como empresa tiene asegurado niveles de crecimiento. El documento señala al final, en las conclusiones, que los empresarios “tienen la práctica de la lucha permanente para adaptarse a la realidad que plantea el mundo globalizado” y si uno encara a las políticas públicas con este espíritu, con seguridad construiremos un país mejor.



[1] Economista de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, Master en Economía del Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina – CEMA.

 

Fue Asesor del Ministerio de Economía y Finanzas desde 1995 en el Area de Programación Macroeconómica y Financiera. Se desempeñó como Investigador Jefe del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social – CERES – entre 1992 y 1994 y asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay entre 1987 y 1992.

 

Incursionó en el periodismo especializado en economía en Búsqueda y El Observador Económico.

 

Como profesional independiente ha trabajado para Organismos Internacionales, Empresas Privadas y Organizaciones No Gubernamentales.

 

Actualmente ocupa el cargo de segundo Vicepresidente del Banco de la República Oriental del Uruguay.

 

Desde 1998 es Profesor encargado de Economía del Sector Público en la Licenciatura en Economía de la Universidad ORT del Uruguay y profesor encargado de Economía de la Incertidumbre y la Información en la Licenciatura en Economía de la Universidad ORT del Uruguay.