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INTRODUCCION
Antiguamente los
artesanos concentraban en su
persona todas las actividades
propias del ciclo de
producción: compra de
materiales, diseño de los
productos, fabricación y
ventas.
El cliente
encargaba un producto al
artesano, detallándole las
especificaciones a las cuales
debería ajustarse dicho
producto.
Luego el
artesano realizaba el diseño,
efectuaba la fabricación en
relación al diseño
desarrollado y entregaba el
producto al cliente. Era
factible también que se
registrara alguna acción de
seguimiento del producto, ya
que las relaciones entre el
cliente y el artesano solían
ser bastante estrechas y
permanentes.
La revolución
industrial y los métodos de
fabricación en serie para
grandes producciones
constituyó la "división
de las aguas": se
separaron las distintas
funciones del ciclo de
producción.
Como
consecuencia de lo anterior,
un mayor número de artículos
estaban disponible para un
mayor número de personas pero
en detrimento de la calidad,
que se vio resentida en forma
notoria.
¿ De qué
manera las empresas podían
solucionar este problema ?
Estableciendo un riguroso
control de calidad que en base
a la inspección o ensayo de
los productos elaborados al
final de la línea de
producción, separara los
correctos de los defectuosos,
no permitiendo que estos
últimos llegaran al
consumidor final.
Pero hoy está
muy claro que esta estrategia
tradicional basada
exclusivamente en los
controles de calidad es
incapaz de evitar que los
productos con defectos lleguen
al cliente, aún cuando se
provea a esos controles de los
medios más sofisticados de
análisis y del personal con
mayor calificación.
De este modo,
el control de calidad se
transforma en una "planta
depuradora" de productos
defectuosos que lo único que
hace es segregar lo bueno de
lo malo. Por tanto,
no se puede aplicar una
política de potenciar estas
"plantas" ignorando
que la calidad ya viene
fabricada al llegar al control
de calidad.
A posteriori,
se concentró el análisis por
la calidad en los propios
procesos de producción. Con
la aplicación extendida de
los gráficos de control se
procuraba evitar la
elaboración de artículos
defectuosos.
Pero estos no se
eliminaron totalmente porque
algunos defectos detectados
por el control de calidad eran
debidos, por ejemplo, a los
materiales suministrados por
subcontratistas de la empresa,
surgiendo entonces la
necesidad de controlar los
proveedores.
Notamos que el
control de la calidad ha ido
remontando la corriente aguas
arriba en la empresa, hasta el
momento en que se identificó
que el proceso de diseño es
la causa de los errores más
importantes y costosos
detectados al final de la
línea de producción.
También
resultó evidente que es en
dicho proceso de diseño donde
correcciones muy pequeñas con
escaso valor podían ahorrar a
la empresa gran cantidad de
costos al final de la
producción.
Ahora bien, de
nada sirve elaborar productos
y prestar servicios
correctamente de acuerdo a la
visión de la propia empresa
si, en última instancia, no
se tiene presente el motivo
fundamental de la existencia
de la misma: el cliente.
Actualmente
resulta impensable hablar de
mercados protegidos y clientes
cautivos. La realidad indica
que los mercados están en
plena efervescencia y en
ellos, el cliente defraudado
desvía rápidamente su
atención hacia otro proveedor
que pueda satisfacer sus
necesidades.
Cuando lo
encuentra, se olvida
rápidamente del anterior y
peor aún, lo comenta con doce
personas en promedio como
veremos a continuación.
Precisamente,
recientes estadísticas han
demostrado que:
1º) Sólo uno de cada
diez clientes que han tenido
una mala experiencia, repite
la compra.
2º) Cada cliente
decepcionado lo comenta por
término medio con doce
personas, observándose un
claro efecto multiplicador
entre el punto 1 y el 2.
3º) Sólo cuatro de
cada cien clientes
insatisfechos se lo dicen al
proveedor. Por lo tanto,
noventa y seis clientes
ignoran lisa y llanamente al
proveedor, perdiéndose algo
tan valioso como la
retroalimentación del
mercado, que posiciona
favorablemente, en forma
constante, a la empresa frente
a su clientela.
4º) La tercera parte
de esas cuatro personas que
comunican directamente su
insatisfacción con el
proveedor, se quejan de la
indiferencia del mismo.
Por lo tanto es
en esta última etapa que las
empresas han venido
concentrando más su atención
en los clientes y no tanto
sobre la producción.
En ese sentido,
y en referencia al momento
actual de esta breve reseña,
es que la empresa deberá
averiguar y aclarar cuales son
los requisitos de calidad de
los clientes y del mercado,
traducir dichos requisitos en
especificaciones, supervisar
el diseño del producto y del
proceso de acuerdo a dichas
especificaciones y establecer
un sistema de recolección y
evaluación de la información
proveniente del cliente.
Pero, ¿ qué se
entiende por Calidad ?
Es la totalidad
de las características de un
producto o servicio que
confiere la aptitud o
habilidad para satisfacer las
necesidades explícitas o
implícitas, acordadas con el
cliente.
Los siguientes
conceptos asociados al de
calidad pueden ayudar a
comprender el término en su
justa acepción:
1. Conformidad
con las especificaciones:
Cuando los productos poseen
comprobadamente las
características que están
descriptas en los proyectos,
catálogos o listas de
especificaciones.
2. Valor por el
dinero: Cuando se recibe un
beneficio compensador
(técnicamente denominado
valor) a cambio del dinero que
se gastó para comprar alguna
cosa.(No se reclama por el
precio pagado)
3. Adecuación
para el uso: Cuando aquello
que se compra es capaz de
hacer por lo menos lo que de
él se espera. (No se reclama
por mal funcionamiento).
4. Entrega a
tiempo: Cuando aquello que se
adquiere está disponible en
el momento que se necesita.
3. La Normativa ISO
9000
A fines de la
década de los setenta, la
British Standards solicitó a
la Organización Internacional
de Normalización (cuyas
siglas en inglés corresponden
a ISO) la creación de un
Comité para la elaboración
de una normativa en materia de
Gestión y Aseguramiento de la
Calidad.
En ese momento
era muy difícil de imaginar
que algunos años después, la
familia de normas ISO 9000 se
erigiría en punto de
encuentro sobre la calidad en
más de 70 países y que nada
menos que 60.000 empresas
pudieran alcanzar la
certificación de su
cumplimiento.
La pregunta que
surge en forma espontánea es:
¿ cuál es el contenido de
este conjunto de normas, para
que se haya extendido en forma
explosiva su utilización y
aplicación?
Contienen un
sistema para obligar a las
empresas a hacer las cosas
bien y de primera mano,
aplicando nada más que el
sentido común.
Las normas ISO
9000 son una metodología de
gestión, que no se interesa
directamente del producto o
servicio final, sino en la
gestión global de la empresa
que sea.
El comité
técnico TC 176 de la ISO
efectuó un análisis profundo
de una gestión genérica (
fábricas, hospitales,
empresas de construcción,
agencias de viajes, etc) y se
obtuvo como conclusión del
estudio que para que la
gestión fuera exitosa, era
necesario atender 20
condiciones o capítulos.
De ese modo,
quedó diseñada la estructura
de la normativa ISO 9000, que
contempla tres modelos de
Gestión de la Calidad
distintos, dependiendo de que
la actividad comprenda, y
dirigidas hacia el exterior de
la empresa:
·
Diseño,
producción, inspección,
instalación y mantenimiento: ISO
9001
·
Fabricación,
inspección, instalación y
mantenimiento: ISO 9002.
·
Inspección
y entrega: ISO 9003
Este conjunto
de normas propone,
concretamente, extender la
calidad y los controles a
todas las actividades de la
empresa ya que los productos
defectuosos no se producen en
los controles (allí tan solo
se detectan) sino que son
ocasionados por ineficiencia
en algún punto del sistema:
* Marketing e
investigación del mercado
*
Diseño y desarrollo del
producto (cuando corresponda)
*
Planificación y desarrollo
del proceso
*
Adquisición de materiales y
suministros
*
Producción y/o prestación de
servicios
*
Inspecciones y ensayos
*
Embalaje y almacenamiento
*
Ventas y distribución
*
Asistencia técnica y servicio
postventa
*
Seguimiento del producto en el
mercado
*
Eliminación o recuperación
al final de la vida útil
(cuando
corresponda)
Esta
estrategia está enfocada en
una mayor medida a la
prevención de los problemas
en lugar de su detección y
solución luego de producirse.
Al considerar
las actividades de calidad
desde la investigación misma
del mercado se está aplicando
el principio de la calidad
total que consiste, no en
detectar los defectos para
luego corregirlos, sino en
prevenir por todos los medios
que éstos no lleguen a
producirse.
Esta
arquitectura tan particular
tiene la virtud de que
cualquier actividad industrial
y de servicios, y
fundamentalmente de cualquier
tamaño, se puede ver
identificada con alguno de
estos modelos.
Es muy
importante destacar que este
conjunto de normas no es de
uso exclusivo de las grandes
empresas: el 70 % de las
60.000 empresas certificadas
son pequeñas y medianas.
Finalmente es
oportuno efectuar una serie de
puntualizaciones, válidas
para una mejor comprensión de
todo lo visto anteriormente:
1. La familia
de normas ISO 9000 no se
refieren a los productos o a
los servicios,
sino a los sistemas de
gestión de la calidad de las
empresas que los fabrican o
prestan respectivamente.
No definen las
características del producto
( que deberían ser definidas
por los clientes ) sino que
estipulan claramente los
elementos que una empresa debe
aplicar en su gestión para
conseguir, mantener y mejorar
la calidad demandada por sus
clientes.
2. Es claro que
los sistemas de gestión de la
calidad ISO constituyen un
conjunto de compromisos que
hay que cumplir en cada uno de
los capítulos en los que se
divide la actividad global de
la gestión de la calidad en
una empresa.
Pero en ningún
caso definen los medios para
conseguirlos, dejando a la
propia empresa la libertad de
elegir los medios y
herramientas adecuadas para
alcanzar los requerimientos.
Brevemente,
las normas ISO 9000 nos dicen
que hacer, no como hacer, ni
donde, ni con que medios, ni
cuando.
3. Por tanto, a
diferencia de las normas
comunes no contienen cifras,
valores o factores numéricos
que indiquen el alcance del
cumplimiento de sus
requerimientos.
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