El segundo semestre del año se inició con un panorama nada auspicioso para la economía uruguaya. La crisis por la que atraviesa la región continuó agravándose, especialmente en Argentina, sin que por ahora pueda visualizarse la luz al final del túnel. Al cierre de la presente edición, el gobierno argentino anunció una fuerte reducción del gasto, una decidida lucha contra la evasión, la rebaja de salarios de los funcionarios públicos, las jubilaciones y los pagos a proveedores estatales, en tanto disminuían los rumores sobre la renuncia del Presidente Fernando De la Rúa, pero aumentaba el riesgo país. El Ministro de Economía, Domingo Caballo, reconoció que no lograron transmitir confianza a los mercados y que éstos no le daban más crédito al país, ya que las medidas tomadas anteriormente para reactivar la economía no habían generado aún los resultados esperados.

 

La acelerada devaluación del real en Brasil tuvo como consecuencia una nueva caída en la competitividad de los productos uruguayos. Por su parte, llaman la atención las declaraciones del Presidente Cardoso y funcionarios de alta jerarquía del gobierno brasileño con respecto a las medidas tomadas por Argentina, ya que no ayudan en nada a que el Mercosur salga de la crisis en que se encuentra.

 

Si bien el Gobierno uruguayo ha reaccionado a través de la rebaja de aportes patronales para el agro y el transporte, la eliminación de los mismos para el sector industrial y la rebaja del precio de los combustibles, estas medidas se han revelado como insuficientes para recuperar la competitividad y el empleo. Las medidas complementarias anunciadas por el Ministro de Economía y Finanzas, Alberto Bensión destinadas a la flexibilización del empleo y a instrumentar desregulaciones y desmonopolizaciones en el mediano y largo plazo son bienvenidas por los sectores productivos, pero los tiempos de su aplicación plantean dudas respecto a los resultados que cabe esperar.

 

En realidad, la industria y el resto de los sectores productivos, esperaban algo más de las autoridades. Frente a la inquietud de los gobiernos de la región por encontrar soluciones transitorias que eviten el mayor deterioro de los respectivos aparatos productivos, Uruguay parece observar la problemática regional como si la misma fuera ajena a nosotros.

 

         El Consejo Directivo de la Cámara de Industrias se declaró en sesión permanente, analizando la situación del país y del sector y elaborando una propuesta de la cual se da cuenta en el presente número. Esta propuesta recoge reiteradas apelaciones a los gobiernos nacionales, de larga data. La necesidad impostergable de reducir el peso del Estado en la economía, es una de ellas. Pero también se hace hincapié en la elaboración de una política industrial y una política comercial activa para mejorar el acceso a los mercados internacionales, con la participación de los industriales y el combate a las prácticas desleales de comercio.

 

Las perspectivas para este segundo semestre, en función de las señales recibidas, no son nada halagüeñas. Si mantenemos nuestra actitud expectante, las condiciones críticas por las que está atravesando el país habrán de profundizarse, aumentando el desempleo y la crisis de la producción nacional.

 

La propuesta de los industriales ha tenido buena receptividad entre los partidos políticos. Es deseable que esta recepti vidad se traduzca en acciones concretas que  respalden las gestiones de quienes como la Cámara de Industrias ven día a día que su prédica constante a favor de la reactivación productiva, cae en un saco donde es difícil identificar lo políticamente oportuno con lo estrictamente necesario y justo.

 

 



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